
Cuando se inaugura la primera emisora en Nueva York en 1916 se descubre que la radio genera una situación comunicativa muy particular, en la que el emisor y el receptor se ven sin ser vistos, en la que se perciben espacios sin ser percibidos. Muchas veces se ha dicho que la radio es un mundo ciego, pero con el paso del tiempo se ha ido transformando en algo completamente distinto.
En los comienzos de la radio, los mensajes, aunque de fácil comprensión y difusión, eran unidireccionales, es decir, solo hacían el recorrido del emisor hacía el receptor. No había respuesta posible y mucho menos se podía interactuar con los oyentes: los locutores eran unas voces lejanas e inaccesibles. Con la inevitable evolución de los medios de comunicación comienzan a aparecer las llamadas a la radio, las conexiones en directo, las encuestas a pie de calle… el radioyente comienza a ganar cada vez más protagonismo.
De esta época nos cuenta Raúl Díaz, presentador del programa Más vale tarde que nunca de Teide Radio: “Cuando queríamos hablar directamente con nuestros oyentes únicamente lo podíamos hacer a través del teléfono”. Y añade que también había visitas de estos últimos a los estudios de radio: “Sobre todo eran señores mayores que venían a conocerte porque no podían verte la cara”.
En este punto, Marlene Meneses, presentadora de El balcón en Teide Radio, dice que “siempre ha existido el teléfono abierto, cuando una persona quería participar en el programa hacía una llamada telefónica”. Para Meneses la radio “ha sido un punto de encuentro”. Por otro lado, cuando quería encontrar un posible protagonista “usaba las páginas blancas de Telefónica y llamaba a uno y a otro hasta que alguien quería hablar y tenía algo que contar”.
Con el crecimiento y la progresión de las tecnologías digitales de radiodifusión, el feedback con los oyentes va ganando cada vez más importancia permitiendo una relación más directa y cálida, generando una empatía y relación de confianza entre las diferentes emisoras y sus oyentes potenciales.
Esta relación con el radioyente se ha visto potenciada hasta unos límites insospechados con la aparición de las redes sociales y la incorporación de sistemas de mensajería instantánea como WhatsApp, permitiéndoles opinar en tiempo real.
En lo referente a inmediatez, la aparición del streaming ha supuesto un paso adelante no solo por la velocidad de transmisión, sino también por el acercamiento del locutor a la audiencia, ya que permite ver en directo lo que ocurre dentro del estudio de radio, convirtiendo también en espectadores a los oyentes.
La segunda pantalla
Ahora no solo se escucha la radio y se ve la televisión, también se combina con otra pantalla (smartphones, tablets…) dando lugar al fenómeno Second Screen, por lo que, al mismo tiempo, consumen contenidos digitales y utilizan sistemas de mensajería instantánea convirtiéndose en “omnívoros digitales”. De igual modo, la aparición de los podcasts ha hecho que no sea necesario sintonizar radio en directo ya que permite ofrecer los contenidos radiofónicos en cualquier momento y lugar, cambiando por completo el concepto de radio en directo. Siempre se ha dicho que las emisoras son los medios de comunicación más inmediatos a la hora de transmitir información, por lo que su combinación con las redes sociales no hace sino acentuar esta cualidad; existen miles de ejemplos en los que estas plataformas han sido clave en la transmisión de noticias de impacto social. Además, se pone a disposición de los oyentes páginas web y perfiles oficiales en los medios sociales para que ahí puedan participar y ponerse en contacto con los profesionales a los que siguen diariamente.
Sabiendo esto, no es descabellado decir que la simbiosis entre la radio y las redes sociales es un éxito: por facilitar la difusión de contenidos, por acercar y permitir participar de una forma más activa al oyente, por conseguir que el flujo de información se incremente, entre otros beneficios para la sociedad de la información.
FUENTE: 11 de marzo de 2014
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