Los pueblos de Anaga

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      Anaga cuenta con una población de más de 2.000 habitantes repartidos en una veintena de pueblos y caseríos. La abrupta orografía y las dificultades de comunicación hacen que cada uno de ellos mantenga unos rasgos propios, siendo los caminos a pie el único medio de acceso, hasta hace pocas décadas, a través de sinuosos recorridos que sortean barrancos y cumbres.

      Aunque los modelos arquitectónicos han ido cambiado, Anaga no ha perdido la esencia de sus pueblos, conservando numerosas muestras de los diferentes modos de hábitat utilizados a lo largo de los siglos: casas-cueva, casas pajizas, viviendas domésticas tradicionales y grandes haciendas.

      Afur se encuentra en un pequeño valle custodiado por altas crestas rocosas, atravesado por el barranco de Tamadiste, uno de los pocos barrancos de Tenerife con agua permanente, por lo que la agricultura aquí practicada es de regadío, obteniéndose buena cantidad de ñames y otros cultivos de riego.

      Este barranco tenía un importante significado para los habitantes del valle, ya que a través de él se accedía a las tierras de cultivo localizadas en sus laderas, a la playa de Tamadiste y al camino que comunicaba con Taganana. Además, se pescaban anguilas, se cortaban cañas, varas de mimbre y de anea que crecían en los charcos, para fabricar cestas y sogas usadas en las tareas domésticas o en la producción de vino. Una leyenda cuenta que una anguila gigante, conocida como la anguila peluda, moraba en las charcas de la comarca aterrorizando a la gente.

      En los alrededores del pueblo, se localiza uno de los últimos bosques termófilos de Anaga bien conservados como el sabinar de Afur, con ejemplares de considerables dimensiones.

      En la actualidad, el pueblo cuenta con una veintena de casas, aunque algunos vecinos recuerdan que sólo hubo dos viviendas y el resto eran pajares y cuevas. En los años 60 se construyó la ermita de San Pedro, celebrándose sus fiestas el segundo domingo de julio.

      Otros lugares de interés: saucedas (Salix canariensis) y saltos de agua en el curso del barranco.

      Ubicado en la desembocadura del barranco de Almáciga y, ligeramente elevado sobre el nivel del mar sobre una terraza costera, constituye un mirador natural desde donde contemplar el resto de la costa anaguense.

      Su topónimo hace referencia a la presencia de almácigos (Pistacia atlantica), especie característica de los bosques termófilos. Su resina fue usada para fabricar barnices, así como perfumes. Estas actividades, unidas al aprovechamiento de su madera, provocaron el rápido retroceso de estos bosquetes de los que sólo queda algún ejemplar aislado.

      El pueblo desarrolló una importante actividad agrícola, conservando aún algunas terrazas dedicadas a cultivos tradicionales, pero además, estuvo asociado a la pesca y el marisqueo, como lo atestiguan las voces de sus moradores.

      Aún se conservan algunas viviendas de tipo tradicional y edificios de carácter religioso, como la ermita en la calle de Las Toscas y la ermita de Nuestra Señora de Begoña, construida a finales de los años 40 del siglo XX en su honor, cuya festividad se celebra el cuarto domingo de abril.

      Otros puntos de interés: Roques costeros donde cuentan que se hundió un galeón.


      Las playas

      Sus calas de arena negra y piedra, batidas por un fuerte oleaje, son muy apreciadas para la práctica de surf, aunque en determinadas épocas del año pueden ser peligrosas para el baño.

      Arropado por bosques y roques, en un valle de la Punta de Anaga, se alza Chamorga. Es el núcleo más habitado de este sector, remontándose su origen a tiempos prehispánicos como asentamiento temporal guanche, que aprovechaba los pastos y aguas del lugar. Este recurso permitió, después de la Conquista, el desarrollo de una importante actividad agrícola asociada a roturaciones y aprovechamientos del monte. La carretera termina su sinuoso rodar en este enclave; a partir de allí sólo queda andar por sus caminos.

      Desde este pueblo, se accede a varios senderos que conducen hacia Roque Bermejo, La Cumbrilla, Las Palmas de Anaga y El Draguillo. En el centro del pueblo se encuentra la Ermita de la Inmaculada Concepción, cuyas fiestas se celebran el cuarto domingo de septiembre.

      Los usos tradicionales que se mantienen se basan en la agricultura de autosuficiencia y la ganadería, esta última casi inexistente. Uno de los productos singulares son las papas rústicas de Chamorga.

      La emigración ha mermado notablemente la población de este pueblo y de toda la Punta de Anaga desde los años 60. Pueblos costeros como María Jiménez y El Suculum se han nutrido de personas de estos lugares.

      Otros puntos de interés: Casas de Tafada y la Atalaya, desde donde contemplar la costa norte del macizo.


      Dragos

      El Drago (Dracaena draco) es una especie endémica de La Macaronesia. En los jardines de Chamorga, los vecinos han plantado dragos, llegando a contabilizarse más de 100, según atestiguan ellos mismos.

      Aunque ya estaba habitado desde la época prehispánica, como lo atestiguan algunos grabados rupestres en los alrededores del caserío, las primeras referencias escritas de este pueblo se remontan a 1506, siendo uno de los más antiguos de la Isla. También fue uno de los últimos pueblos habitados de Anaga en ser comunicado por carretera, en el año 1992.

      Chinamada conserva buena parte de su arquitectura tradicional. Hasta finales del siglo XIX, la mayoría de sus habitantes vivían en cuevas o en pajares, construcciones con muros que combinaban piedra y barro, rematados por una cubierta de paja.

      El pastoreo y la producción de queso fueron actividades económicas importantes, aunque en la actualidad son testimoniales. La agricultura continúa presente en las huertas dispuestas en los alrededores de las casas y, como vestigio del cultivo de cereal, la plaza del caserío se edificó sobre dos antiguas eras.

      Cabe destacar el llamado Roque de los Pinos, una rareza biogeográfica del macizo que posee un pequeño bosque de pinos (Pinus canariensis) asociado con una especie exclusiva de este enclave, la jara de Anaga (Cistus chinamadensis).

      Las fiestas patronales se celebran el tercer domingo de agosto en honor a San Ramón Nonato, cuya ermita fue construida en 1988.

      Otros puntos de interés: Mirador de Aguaide.


      Casas Cueva

      Chinamada es un tesoro de la arquitectura tradicional, con unos rasgos etnográficos muy especiales, pues la mayoría de sus viviendas están excavadas en la roca, aunque adaptadas, hoy en día, a las nuevas necesidades de sus moradores.

      Este asentamiento rural se localiza sobra una loma entre grandes barrancos, cercano a la masa forestal y rodeado de numerosas terrazas de cultivo. Es uno de los pueblos con mayor población del macizo, después de Taganana.

      El núcleo se originó por los aprovechamientos que se hacían del monte, sobre todo para la fabricación de carbón, como indica su nombre.

      Muchas veces, estas actividades eran clandestinas, pero con ellas se obtenía un complemento a la escasa renta familiar. Los hombres se encargaban de la preparación y elaboración, y las mujeres cargaban los sacos, a escondidas, para venderlos en Santa Cruz y La Laguna, con la complicidad de otra mujer que avisaba cuando viera a los guardamontes. Los carboneros fueron perseguidos por las talas ilegales de monte, así como por el riesgo de incendiar la masa forestal. Hoy en día no se elabora carbón, pero aún existen maestros en Anaga que se dedican a ello en ocasiones festivas.

      En la actualidad, las principales actividades son la agrícola y la ganadera, sobre todo, orientada a la producción de papas y elaboración de productos como el vino y el queso.

      Es muy conocida su fiesta romera en honor de San Isidro y Santa María de la Cabeza, celebrada a finales del mes de junio.

      Otros lugares de interés: Roque Tenería, Llanos de Tesegre y camino de Las Escaleras.


      Carbonera

      Las hornas se construían apilando troncos, siendo los más apreciados brezo y tejo. Luego se tapaban con helechos y tierra, dejando en su parte central un orificio por el que se prendía fuego. Pasados algunos días el carbón estaba listo.

      Situado en los márgenes de un barranco, está dividido en el Batán de Arriba y el Batán de Abajo. Surge de un repartimiento de tierras en el año de 1511, conservando varias muestras de la arquitectura doméstica tradicional.

      El barranco organizaba parte de la actividad del valle, instalándose en el siglo XVI un complejo hidráulico que aprovechaba su agua para regar las huertas y frutales, así como para conducirla hacia los molinos harineros y batanes asociados a la industria del lino. Para conocer un poco más de este fragmento de la historia se puede realizar el Sendero Interpretativo Autoguiado del Lino, que nos conduce hasta las denominadas Cuevas del Lino. Durante el siglo XVII, se especializó como área cerealista, contando aún con una veintena de eras repartidas por su superficie.

      El cultivo de ñame siempre ha tenido gran importancia en la economía local. Este cultivo se localiza en áreas muy húmedas y su crecimiento se prolonga durante un año, siendo muy apreciado en fechas navideñas. Hoy se sigue combinando con papas, batatas, frutales, verduras y viñas, que producen vinos de excelente calidad, ecológicos y con Denominación de Origen Protegida (DOP).

      Las fiestas locales tienen lugar la segunda quincena de julio y atraen a numerosos visitantes.

      Otros puntos de interés: Bejía, Lomo de Los Dragos y Valle de los Morales.


      Las fuentes

      Las aguas de manantiales se aprovechaban para consumo y para conducirlas a los lavaderos comunales, labrados en tosca (roca volcánica). La “Fuente Grande” data de 1915 y fue la primera construida en Los Batanes.

      Este caserío costero recibe su nombre del roque de color rojizo que se encuentra a la entrada de su playa, de fina arena negra, custodiando receloso este confín insular.

      Se originó como asentamiento estacional de pescadores provenientes de San Andrés y de la Punta del Hidalgo, por ser buen refugio y encontrarse a mitad de camino entre ambos. Con el tiempo se establecieron definitivamente y se construyó una ermita, donde llegaron a casarse algunos vecinos y vecinas.

      Posee un pequeño embarcadero construido de forma simultánea al faro, que generaba movimientos comerciales de importancia local, siendo la vía de comunicación más fácil y rápida hacia Santa Cruz de Tenerife. Desde aquí, se desplazaban pasajeros y mercancías, como parte de la madera extraída del monte, siendo el puerto más empleado para sacar la productos de la Punta de Anaga que se transportaban hacia otros lugares de Tenerife, e incluso, a otras islas. Actualmente, es usado por los escasos residentes del caserío y por embarcaciones de recreo.

      Todavía hoy es posible, sobre todo en verano, cuando el núcleo está permanentemente habitado, escuchar las historias del pasado de manos de los que la vivieron, como las mujeres que desplazaban en su cabeza el combustible para alimentar la lámpara del faro a cambio de una peseta.

      Otros puntos de interés: Casas blancas (núcleo de casas más antiguo), Hacienda del Cura y la playa.


      El faro

      Se construyó en 1861. Su lámpara funcionó con aceite de oliva, parafina y, hasta los años noventa, con petróleo. Continúa en uso y es uno de los pocos faros de la época que permanece sin grandes modificaciones.

      Se localiza en una cresta rocosa al pie del roque del mismo nombre. Es uno de los hitos paisajísticos más característicos de Anaga, donde antiguamente se localizó un poblado aborigen. Sabino Berthelot, en su obra “Etnografía y Anales de la Conquista de las Islas Canarias” (1849), relata que las gentes de este lugar llevaban capas de lana para protegerse del frío y de la humedad de la montaña. En Marruecos existe un pueblo bereber llamado Tabornost, cuyo significado es pueblo de las capas, lo que puede dar indicios de la procedencia de estos pobladores.

      En Taborno había muchos pajares, construcciones de piedra con techumbre de paja, de las cuales sólo quedan algunos ejemplares, restaurados a modo de originales viviendas. El resto pereció en un incendio a principios del siglo XX. Entre sus edificaciones, cuenta con la ermita de San José, construida en 1948, cuya festividad se celebra el segundo domingo de junio.

      Por su situación estratégica, es un balcón al paisaje de Anaga. Desde su plaza, la vista se pierde a través de barrancos, nieblas y montañas.

      La tradición ganadera de este lugar tiene su origen en la decisión del Cabildo tomada en 1526, mediante la cual se calificó el Valle y Riscos de Taborno como coto cerrado para cabras, por considerarse un lugar apartado.

      Otros lugares de interés: Bosque de tiles (Ocotea foetens) en el Monte de la Hoya.


      Las Cabras

      En este pueblo existen dos de los rebaños de cabras más grandes de Anaga, orgullosamente custodiados por sus dueños, con cuya leche se fabrica un excelente queso.

      Este pueblo, que para los guanches significaba “lugar de Los Roques”, se convirtió en el primer asentamiento de Anaga, determinado por la instalación de un ingenio azucarero justo después de la conquista. Actualmente es el pueblo más habitado de la región.

      Destacan las construcciones de carácter tradicional con tejados a cuatro aguas, carpinterías pintadas y gruesos muros de piedra y barro. Otras edificaciones, de tipo religioso, son: la Iglesia de Nuestra Señora de las Nieves y las ermitas de Santa Catalina Mártir (siglo XVII) y Nuestra Señora de La Caridad del Cobre (años 80).

      La Iglesia matriz de Taganana y su entorno ha sido reconocido como Bien de Interés Cultural.

      Algunas de las fiestas locales son el día de la patrona de Taganana, Nuestra Señora de Las Nieves (5 de agosto), la Quema de San Judas (sábado santo), o El Baile del Niño (diciembre).

      Alrededor del pueblo abundan los bancales y huertas con cultivos tropicales, papas, millo o batatas, entre otros. Décadas atrás, este paisaje estaba cubierto de grandes viñedos, cultivo muy importante en la economía del lugar. Así lo demuestran los lagares excavados en la tosca (roca volcánica), empleados para elaborar los caldos, tan valorados en otros tiempos cuando se exportaban fuera de la Isla. Hoy en día su terreno alberga la mayoría de las variedades de viña que existen en Canarias, convirtiéndose en la reserva de buen número de ellas desaparecidas en otros lugares.

      Otros puntos de interés: caserío del Chorro, Barrio del Portugal y Tachero.


      Nuestra Señora de Las Nieves

      El templo de Nuestra Señora de Las Nieves es uno de los primeros construidos en Tenerife. La riqueza de sus elementos decorativos recuerda la prosperidad de otras épocas.