Abeja negra

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      Tradicionalmente, los apicultores canarios han manejado en sus colmenas la abeja negra por ser la variedad que existía de manera salvaje en el medio natural.

      Esta abeja de aspecto oscuro perfectamente adaptada al clima de las Islas Canarias ha recibido, con finalidades de tipo productivo, la incursión de abejas de otras razas procedentes de otras latitudes. Lo que ha supuesto la mezcla genética con las abejas locales, un proceso irreversible en muchas zonas de las islas que finalizará con la desaparición de la abeja negra original si no se adoptan medidas.

      Gracias a la demanda del sector apícola de Canarias, la abeja negra se ha convertido en objeto de estudios por distintos organismos de investigación que confirman la especificidad de la variedad canaria. Estudios concluyen que esta abeja pertenece al tronco africano de abejas melíferas, por tanto está próxima a las poblaciones de abejas existentes en el sur de la Península Ibérica y en las zonas del continente africano cercanas a Canarias.

      Al igual que otras muchas especies de las Islas Canarias, la Abeja Negra es consecuencia del aislamiento durante siglos en su proceso de evolución y adaptación al medio, siendo parte de la biodiversidad específica de Canarias.

      Estos factores han propiciado que el Gobierno de Canarias, a través de la Consejería de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentación lleve a cabo un proyecto de recuperación y selección de la abeja negra canaria en la isla de La Palma, territorio en el que la raza se encuentra en mayor estado de pureza.