
Esmeralda fue una mujer adelantada a su tiempo, universal y transgresora. Niña prodigio del arpa, concertista, pedagoga, pacifista, periodista, antiesclavista, defensora de los derechos de la mujer, escritora, políglota, enamorada del mundo y de Tenerife, donde residió el último tramo de su vida. Esa decisión se refleja en la relación epistolar que mantiene con Patricio Estévanez. Innumerables periplos por distintos países y continentes conforman el laberinto de su vida, en la que el arpa constituye el instrumento que mueve los hilos de su errante existencia. A raíz de unos documentos que conserva el Cedocam (en el fondo Estévanez), surge este proyecto escénico.
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