Palabras del acto de la entrega de la Medalla de Oro a Ricardo Melchior Navarro

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      Lo inacabado no es nada. Esta frase del filósofo suizo Henri-Fréderic, tan obvia y simple a la vez, me hace hoy reflexionar sobre la figura de Ricardo Melchior. Un hombre que llegó a la política por casualidad y que ha logrado, tras su paso por el Cabildo, la consideración y el respeto de nuestra gente, a quien ha dedicado los mejores años de su vida y con mucho aún por aportar. El esfuerzo, coraje y tesón por cumplir sus objetivos, sorteando obstáculos y dificultades, es todo un ejemplo para quienes consideramos que el servicio público es el mejor de los oficios, para el que vale la pena cualquier sacrificio.

      Después de haber tenido la oportunidad de trabajar a su lado unos cuantos años, he descubierto que su empeño, su tenacidad y ese tesón, han sido sus mejores aliados; los que siempre le acompañaron y evitaron que desfalleciera; los que le ayudaron a no bajar la guardia, a no rendirse. Esa firmeza para culminar lo que había comenzado es en definitiva, la esencia de Ricardo. Ese empeño e insistencia, con algunas dosis de paternalismo, forman parte de su ADN. Y esa era la solución al problema. Ese es el significado de: “Lo inacabado no es nada”. Que el éxito está en la lucha. Y Ricardo ha sabido librar la mejor batalla: la de la constancia.

      Es algo que tiene que ver más con la actitud, la ilusión, la pasión y el amor que se le pone a las cosas que uno hace. Es cuestión de creer y querer porque solo así, lo imposible se convierte en factible y todo aquello en lo que ponemos nuestro esfuerzo termina por suceder.

      Encontrarse con Ricardo empezaba con un buenos días y terminaba con el eco “no te olvides de este tema”, no te olvides, no te olvides... Y, claro, no podías olvidarte porque corrías el riesgo de que él tuviera que volver a recordártelo las veces que hiciera falta. Como el Presa Canario que coge su captura y no la suelta, esa era la actitud y el mensaje que siempre nos transmitía Ricardo para no dejar nunca las tareas a medias.

      Como buen entrenador, lo tenía todo en su cabeza, sabía dónde estaba el balón en cada momento, quién tenía mejor ángulo para culminar con éxito la jugada. También fue un buen árbitro, al que no le tembló el pulso cuando tuvo que sacar tarjeta amarilla y roja. Y, ahora, estoy seguro, de que es el mejor aficionado del equipo.

      Ricardo ha sido capaz de encajar en su cerebro los 2.034 kilómetros cuadrados que mide la superficie de Tenerife. En su cabeza guarda todas las carreteras, caminos, galerías, roques y montañas de la Isla. Cada pueblo, cada barrio y cada calle. Todo ello con sus hombres y mujeres. Con las personas de esta isla, que es lo que más feliz le hace.

      Como presidente del Cabildo de Tenerife, Melchior ha sido un valor seguro, capaz de explicar el crecimiento exponencial de la producción de energía fotovoltaica en un foro de ingenieros con la misma pasión que, cinco minutos antes, hablaba de cómo se cuida la vid en espaldera, de la necesidad de arreglar la carretera de cualquier barrio de la Isla o de cómo se hace un potaje de coles. Ricardo tiene un don y ese es el de adaptarse a la gente, llegar a los rincones de cada corazón con enormes dosis de sensibilidad fuera de toda pose fingida o sonrisa estudiada.

      En muchas de las visitas que tuve ocasión de hacer con él, viví en primera persona cómo se le recibe siempre, cómo le abren las puertas en los lugares más insospechados de la Isla, y cómo él se acerca y llama a cada persona por su nombre. Los recuerda todos, sabe escuchar (que no es lo mismo que oír) y sabe, que detrás de esos nombres, de esos rostros anónimos, algunos muy castigados por las cicatrices de la vida, existe una persona que necesita atención. A veces no han hecho falta palabras, un simple apretón de manos, un abrazo o una llamada de teléfono de Ricardo Melchior han sido suficientes para levantar los ánimos. Esa capacidad, esa cercanía y naturalidad le han hecho tremendamente humano, creíble, auténtico.

      Pero Ricardo, como presidente del Cabildo, ha sido también el mejor embajador de Tenerife en el mundo. Esa cercanía, unida a su preparación y a la defensa de los intereses de la Isla, le ha abierto otras tantas puertas más allá de nuestras fronteras. Personalidades que apenas habían oído hablar de un territorio tan pequeño como el nuestro, se han interesado por conocernos y sobre todo por saber qué es lo que se hace aquí y cómo podemos ser útiles desde esta parte del planeta.

      Su trabajo, sus ideas, sus acciones –siempre centrados en las personas- han sido el estímulo que ha contribuido al desarrollo de sueños y proyectos.

      Pilar Foronda Rodríguez, investigadora del Instituto de Enfermedades Tropicales, es un ejemplo de esas acciones a favor de la sociedad. Su sueño se hizo realidad gracias a las becas que le concedió el Cabildo. Con ellas, Pilar estudió Biología en la Universidad de La Laguna y pudo desarrollar proyectos de investigación y preparar su tesis. Esa formación le abrió las puertas del Instituto, hace ahora 16 años. En la actualidad forma parte del equipo de investigadores y continua desarrollando su proyecto centrado en conocer más sobre el control de las enfermedades tropicales y que ayude a erradicar la pobreza en el mundo. Un reto por el que siempre se preocupó y –me consta que sigue haciéndolo- Ricardo.

      Otro ejemplo con nombre propio es Carlos Correa, actual presidente del Club Ademi (Asociación Deportiva para Personas con Discapacidad). A pesar de que la vida le jugó una mala pasada, este deportista se resistió a quedarse en casa y decidió plantarle cara a la situación. En el año 98, ingresó en el Club que, desde su fundación, contó con el apoyo del Cabildo. Una ayuda que Ricardo Melchior impulsó cuando llegó a la Presidencia de la Corporación insular, convirtiéndolo en una prioridad. Allá donde va, Carlos repite que el apoyo del Cabildo ha sido y es importante y que gracias a él, este Club es hoy un referente deportivo con más de diez disciplinas con las que compite en el panorama nacional, con deportistas de alto nivel.

      Ese estímulo de Melchior al fomento del deporte adaptado y a la integración de las personas con discapacidad también tuvo también sus frutos hace unos años con una deportista del Ademi. Michelle Alonso que se convirtió en campeona del mundo, al conseguir la medalla de oro en los Juegos Paralímpicos de Londres 2012 en 100 metros braza.

      Hernán Tejera, secretario general de Asaga, también conoce en primera persona la exquisita sensibilidad con la que Ricardo ha tratado a la gente del campo, su amor a la tierra y la importancia que supone para nuestra economía fomentar el consumo del producto local, una de sus grandes obsesiones.

      Pilar, Carlos, Michelle y Hernán, son tan sólo una pequeña muestra de personas anónimas que representan el mejor ejemplo –con nombre y apellido- del empeño que durante tantos años ha tenido Ricardo Melchior para que la gente de Tenerife, su isla amada, tuviera las mejores oportunidades.

      Gracias Ricardo por tus años de dedicación y por haber hecho realidad tantos y tantos sueños.