Palabras del acto de la entrega de la Medalla de Oro a Capitanía

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      Tal vez fue por el rumbo que marcaban los vientos, que la situaban en el punto más favorable. O tal vez por la presencia imponente del Teide, que la hacía visible desde muchas leguas de distancia. Lo cierto es que la Isla de Tenerife fue, desde los primeros albores de la Conquista de Canarias, la más importante. Y la última en ser completamente rendida en 1496. Aquí, en La Laguna se radicó la primera capital del Archipiélago, y aquí se erigió la también la primera universidad.

      Tenerife a lo largo de la historia ha sabido ocupar un lugar predominante en el desarrollo económico de Canarias. Primero fue la agricultura de exportación la que nos colocó en un lugar estratégico y luego, el turismo, ha permitido consolidar hasta hoy nuestra principal fuente de riqueza. Ese papel protagonista que ha jugado Tenerife desde el punto de vista estratégico lo mantiene en la actualidad Tenerife, a la cabeza del Archipiélago en un sector principal para la creación de economía y empleo.

      Liderazgo también en la percepción que en el continente africano tienen ya de nosotros como lugar estratégico para facilitar su desarrollo a través del avance en las telecomunicaciones a través del proyecto AliX o con iniciativas como la Fundación de Enfermedades Tropicales, impulsada desde esta Corporación. Lejos de conformarnos, el Cabildo de Tenerife aspira a mantener esta posición con nuevas propuestas que buscan lograr una Isla ultraconectada, una Isla Autónoma y una Isla Exterior.

      Tres conceptos que pasan por mejorar la conectividad y aumentar así las oportunidades de desarrollo. Autónoma, para tomar decisiones sobre nuestros principales recursos e infraestructuras como en el caso de los puertos, aeropuertos, costa o el Parque Nacional del Teide y exterior, a través de la internacionalización de nuestra economía, convirtiéndonos en lugar atractivo para las inversiones con ventajas competitivas en un mundo cada vez más globalizado.

      Por tanto no es por casualidad que se decidiera instalar aquí el alto mando militar destacado en las Islas, la llamada Capitanía General, creada en los tiempos de Felipe Segundo, en 1589. A lo largo de esos más de cuatro siglos, la vida de Santa Cruz de Tenerife ha estado ligada a la del Capitán General de Canarias, protagonista de la sociedad y la cultura de la Capital y de la Isla. De tal forma lo ha sido, que sería difícil de entender la historia de Tenerife sin la Capitanía. Fue así que Tenerife acogió al Capitán General de Canarias desde 1656, fecha en la que Alonso Dávila decidió trasladar la sede del más alto representante del ejército en Canarias. Y así fue durante 417 años, hasta el año 2006, donde nuevos aires políticos y criterios militares produjeron la creación del Mando de Canarias.

      Los capitanes generales de Canarias vivieron en numerosas sedes en nuestra isla. Desde la casa de los Capitanes de La Laguna al Castillo de San Cristóbal, el palacio de Carta o, entre otras muchas, el noble caserón de la Plaza de Weyler, en Santa Cruz de Tenerife. Pero lejos de atrincherarse en esos edificios, los Capitanes Generales se abrieron a la vida tinerfeña haciendo participar al Ejército en cuantas actividades fueran de beneficio para esta tierra y sus gentes. Son incontables los hitos que debemos agradecerle a la Capitanía General de Canarias... Incontables...

      Pero hoy, aquí, tengo que traer a la memoria el encargo que me ha realizado una antigua autoridad de la isla. Un encargo que voy a relatarles en las propias palabras de quien me lo contó:

      "Era muy de madrugada. Serían las tres de la mañana del día primero de abril de 2002. Algunas autoridades habíamos estado recorriendo la zona de La Alegría, Valleseco y San Andrés viendo la devastación que había causado la riada que había caído el domingo.

      El paisaje se había transformado y ahora eran piedras y lodos que habían caído arrastrando a su paso casas, coches, árboles... Veníamos estremecidos de ver tanta destrucción. Nos habían dicho que la carretera hacia Anaga estaba cortada por grandes piedras que se habían desprendido y nos acercamos para comprobar que se estaba arreglando. Y efectivamente, al dar una curva, allí estaba una pala trabajando y arrastrando grandes piedras para despejar la vía. Era pala del ejército, con un especialista que la conducía y varios soldados que trabajaban sobre una lámina de asfalto y un abismo de unos ciento cincuenta metros debajo. Nos quedamos estremecidos del valor de aquellos hombres. Del valor y del esfuerzo que realizaron los mandos y los soldados que aquella madrugada y los días siguientes trabajaron ayudándonos a recuperar el municipio de aquel desastre. Aquel día descubrí que me gustaba el ejército".

      Como en el testimonio de esta persona, muchas otras tuvieron alguna vez oportunidad de descubrir al ejército en la Isla trabajando codo a codo, hombro a hombro, en aquellos lugares en donde fue necesario y a donde la Capitanía General les envió. Desde el paisaje terrible de un aeropuerto convertido en el lugar de una tragedia a los montes de la isla en llamas. Allí estuvieron cuando se les necesitó. Y bastó una simple llamada al Capitán General para que se pusieran al servicio de la Isla y de los tinerfeños.

      Esa colaboración no es nueva. Ni es de ahora. El ejército en las islas fue muchas veces en la historia de Tenerife más que una fuerza militar.

      Colaboró en la construcción de caminos, carreteras, puentes o muelles. En el tendido del telégrafo submarino o las canalizaciones de aguas. En el auxilio de las personas ante las epidemias o las catástrofes naturales. Pero además, la Capitanía General cumplió con esta isla cuando le tocó batirse como soldados, como en la defensa de Tenerife ante el ataque de Robert Blake o John Jennigns o la conocida y heroica resistencia ante el asalto de Horacio Nelson.

      Quien quiera encontrar razones militares para el reconocimiento de la Capitanía General las puede hallar fácilmente en las brillantes páginas escritas por algunos de sus más ilustres responsables en momentos puntuales de la historia de esta isla y de Canarias. Quien pretenda encontrar razones en el ámbito de la vida civil, puede hallarlas por centenares en todas las veces en que la Capitanía ha tendido la mano a la sociedad tinerfeña para auxiliarla en los momentos de mayor dificultad.

      De bien nacidos es ser agradecidos. Y el Cabildo Insular, recogiendo la letra y el espíritu de tantos años de vinculación y de colaboración entre la Capitanía General y la Isla, ha decidido mostrar el agradecimiento de todos los tinerfeños pasados y presentes, encarnado en la Medalla de Oro de Tenerife que hoy nos honramos en entregar al Mando de Canarias.