Jesús Mesa, un ciudadano comprometido

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      Premiar a un Tinerfeño con la distinción de Hijo Ilustre significa valorar toda una trayectoria dedicada de una u otra manera a mejorar las condiciones de vida de las personas. Significa reconocer la labor en defensa de esta tierra. El trabajo incansable de quien se siente orgulloso de sus raíces y busca sacar lo mejor de sí mismo en beneficio de la comunidad. ¿Puede haber algún fin más noble que el de servir a la sociedad y contribuir al bien común?

      En 1999 la Comisión Social de Obispos de Francia presentó una Declaración que bajo el título “Rehabilitar la política” hacía un llamamiento a la concienciación ciudadana sobre la necesidad de concebir la política como una obra colectiva dirigida a mejorar la convivencia entre los ciudadanos, respetando al adversario y arbitrando mecanismos que permitan mejorar la situación de los menos favorecidos. La política, fruto de la aportación de cada uno con una conciencia crítica pero también con la responsabilidad de contribuir en la toma de decisiones.

      Hago hoy alusión a esta declaración de los obispos franceses porque no creo que Jesús Mesa haya sido un político frustrado como él mismo en alguna ocasión se ha considerado. Jesús Mesa ha sido un verdadero ciudadano comprometido que ha sabido conciliar los intereses particulares con el interés general sobre un recurso básico para la vida como es el agua. Ha hecho del diálogo y el consenso la mejor de las políticas.

      Los grandes éxitos y las grandes decisiones de esta tierra se han tomado por los hombres y mujeres de Tenerife situados en las empresas, en las organizaciones sindicales, en la calle. Esa es la verdadera esencia de la política. Fue así cuando esta Isla se levantó contra una Ley de Aguas que atentaba contra los históricos derechos de propiedad de los agricultores y ahorradores tinerfeños. Y se cambió la ley. Me consta que no fue fácil y Jesús Mesa participó activamente en todo este proceso. Agotó todos los cauces y vías posibles hasta conseguir finalmente que se derogara aquella Ley.

      Obtener de las entrañas de la tierra el bien más preciado nunca fue tarea fácil. Lo saben nuestros antepasados, nombres anónimos que conforman la historia de Tenerife. Hijos, todos ellos ilustres, que encarnan en la figura de Jesús Mesa, el espíritu de un pueblo que siempre ha sabido superar los límites de la insularidad con esfuerzo y tesón. Sólo así se han podido perforar los 1.700 km de galerías que se esconden en las entrañas de la tierra y que han servido para abastecer a nuestra población. El desarrollo de la Isla fue posible gracias a ese esfuerzo privado que actuó allí donde las administraciones públicas no lo hicieron. Durante años el sistema funcionó eficazmente y con equilibrio entre los recursos disponibles y su asignación. Luego, con el nacimiento del turismo y el incremento de la población, la demanda de aguas para usos urbanos empezó a alterar los precios y a competir con el agua de uso agrícola. El bien que antes era suficiente para atender la demanda empezó a ser escaso.

      El agua es un recurso limitado que, en esta isla, necesita inexorablemente del papel de la iniciativa pública. No sólo en la regulación del mercado, como claman muchos, sino en la producción y almacenamiento.

      La solución a los problemas futuros del abastecimiento de aguas en Tenerife no está en la expropiación de las aguas privadas. Hemos de ser conscientes de la herencia de esfuerzo que recibimos de una gran masa social de ciudadanos partícipes de las comunidades de aguas que poseen galerías, pozos y canales. Reducir el problema del agua a la propiedad privada de uno o varios propietarios es a mi juicio, un grave error de conocimiento o de perspectiva. Pero ignorar que el agua puede ser un factor limitador del desarrollo de Tenerife y ausentarse de la responsabilidad pública, sería un error aún mayor.

      A lo largo de la historia de esta institución centenaria, los diferentes presidentes han sido conscientes del papel fundamental que juega el agua en nuestra sociedad. El Plan de Balsas impulsado por José Miguel Galván Bello y continuado por José Segura ha permitido almacenar las aguas para disponer de este recurso cuando aumenta la demanda. No hay que olvidar que antes todas esas aguas se perdían irremediablemente hacia el mar.

      Toca ahora avanzar en sistemas de reutilización y producción de agua desalada, tal y como marcan las directrices europeas en esta materia.

      Una Isla con una creciente población, que ya supera el millón de habitantes y cinco millones de visitantes cada año, tiene que garantizar el suministro de agua de calidad y es nuestra responsabilidad (la de muchos de ustedes aquí presentes y también la de nosotros como gestores públicos) evitar el agotamiento de los escasos recursos naturales.

      Es necesario desarrollar nuevos sistemas de producción y reutilización para aprovechar esas aguas que aún hoy se vierten al mar o se desperdician. Alargar su ciclo de vida para que tras un correcto tratamiento puedan ser utilizadas en el sector primario o para otros usos.

      Pero sin duda, la mejor y más completa reflexión sobre las aguas de nuestra Isla la estamos impulsando desde el Cabildo en el marco del Plan Hidrológico de Tenerife, redactado por los equipos técnicos del Consejo Insular de Aguas del Cabildo y que ha sido aprobado recientemente y de manera unánime por el Pleno de esta Corporación.

      Debemos adentrarnos en el futuro con consenso, sin rupturas traumáticas y sin lesionar intereses. Eso es lo que demanda la sociedad por parte de quienes tenemos el deber de atender las necesidades de los ciudadanos de Tenerife.

      En este camino debemos ir todos de la mano. No ha sido fácil aunar las voces y limar las diferencias pero queda aún mucho trecho por recorrer. El espíritu conciliador de personas como Jesús Mesa es todo un ejemplo a seguir porque el saber y la razón hablan, mientras que la ignorancia y el error gritan.

      Jesús Mesa es un hombre apasionado y sereno a la vez. Valores ambos que lejos de ser contradictorios forman en él un carácter peculiar e irrepetible. Apasionado por la vida, por su trabajo incansable en el complicado mundo del agua, por aprender algo nuevo cada día. Todo ello, fruto de un interés innato, casi enfermizo que le ha llevado a saber mucho más de leyes que lo que se aprende en las aulas, mucho más de geología que los que aprende en la facultad y mucho más de economía que en cualquier escuela de negocio.

      Un espíritu inagotable que lo ha convertido, por méritos propios, en un hombre sabio en el sentido más amplio de la palabra, un auténtico abogado sin toga y un “político” sin carnet.

      Retomo, para concluir, las ideas de la declaración de los obispos franceses en la firme convicción de que es importante, como lo ha hecho Jesús Mesa en toda su trayectoria vital, “participar en la construcción continua del futuro de los pueblos, de las regiones, de Europa y de la humanidad. Participar en los debates políticos para defender las propias convicciones, respetando las de los demás porque la política es una obra colectiva, permanente, una gran aventura humana que concierne tanto a la vida cotidiana como al destino de la humanidad en todos los niveles.

      La organización política existe por y para el bien común, por encima de intereses particulares, individuales o colectivos, a menudo contradictorios entre sí.

      Debe experimentar una búsqueda infinita de aquello que sea útil para la mayor cantidad de personas, de lo que permita mejorar la situación de los menos favorecidos y de los más débiles. Ha de tener en cuenta no solamente el interés de las generaciones actuales, sino también, bajo la perspectiva de un desarrollo duradero, de las generaciones futuras. A eso es, en definitiva, a lo que debemos aspirar todos.

      Muchas gracias