
Una investigación del Hospital Universitario Nuestra Señora de Candelaria (Hunsc) abre la puerta al estudio para mejorar los tratamientos ante el cáncer. Su relevancia es tal que incluso la prestigiosa revista científica Nature ha decidido publicarlo en su último número. El trabajo, que ha corrido a cargo del Félix Machín y Jonay García, analiza los mecanismos por el que las células no son capaces de autorrepararse y que a consecuencia de ello pueden provocar tumores o enfermedades degenerativas.
El investigador Machín, licenciado en Biología, explica que todas las células del cuerpo humano sufren en su trayectoria vital "daños o errores" que en la mayor parte de los casos se reparan de manera automática. Es decir, que en su propia naturaleza las células son capases de autocurarse, un proceso que según Machín se repite "en torno a 200.000 trillones de veces a lo largo de la vida". "Es una cifra similar a la cantidad de estrellas en el universo y más que los granos de arena en el planeta", indica el biólogo.
Sin embargo, ese proceso no siempre se completa. En ocasiones, los diferentes mecanismos de autorreparación fallan y las células bien acaban muriendo y por lo general provocando enfermedades degenerativas o bien multiplicándose con los mismos errores, lo que suele derivar en tumores. "Conocer cuál es el proceso de autocuración ayuda a comprender los inicios de la enfermedad", añade Machín, quien defiende que "además, ayuda a conocer sus puntos débiles, algo muy importante para el campo de la genética al ir un paso más para entender como se repara el ADN de las células del cuerpo".
En su fórmula natural, los 60 billones de células que componen el cuerpo de un ser humano adulto tiene diferentes fases o rutas de autorreparación, pero la investigación tinerfeña se ha centrado en dos de ellas "que están relacionadas con los factores genéticos de predisposición familiar vinculada a la aparición de determinados tipos de cáncer". Es precisamente el potencial futuro de este proceso el que ha llamado la atención a la revista Nature: "Durante la investigación se ha demostrado científicamente la sinergia entre la formación de estas rutas, denominadas puentes de anafase, entre mutaciones de varios genes involucrados en determinados tipos de cáncer familiar", añade el biólogo.
El investigador comenta que estas diferencias entre las rutas de autorreparación y su relación genética explica por qué "nunca hay dos tumores iguales" e incluso por qué dentro del mismo tumor existen variantes". Ambas situaciones sirven para argumentar los motivos por los que los diferentes tratamientos desarrollados contra el cáncer "funcionan en determinados pacientes y en otros no", así como los misterios detrás del "fallo de un tratamiento ante un enfermo que inicialmente respondía bien pero que al final no da el resultado previsto".
"En este sentido, la investigación aporta una nueva información que cuestiona los modelos tradicionales y abre, por tanto, un nuevo debate al respecto", añade el biólogo tinerfeño, que informa de que el estudio se inició hace cinco años a partir de la tesis del estudiante de la Facultad de Biología de la Universidad de La Laguna (ULL) Jonay García. "Es un joven con muchísimo talento, que se ha dedicado por entero a esta investigación y que ahora completa su formación en Inglaterra", dice Machín.
Toda el estudio se ha realizado en el laboratorio, analizando y manipulando células con el fin de buscar todos los mecanismos ocultos tras esa autocuración y se ha centrado especialmente en microscopía. "Además, hemos usado por primera vez una nueva tecnología, un tipo de electroforesis que ha sido desarrollada por otros científicos pero que es la primera vez que se emplea en este tipo de investigaciones", presume el biólogo del Hunsc.
Con los resultados de la investigación se permite que en un futuro se siga trabajando para adecuar los tratamientos a los pacientes o incluso para que la industria farmacéutica busque nuevas tratamientos que "incidan directamente en las proteínas protagonistas de las dos rutas que hemos investigado", añade el investigador.
FUENTE: La Opinión de Tenerife, 5 de diciembre de 2014
< Volver