
El inicio de esta idea comenzó en 2012, cuando un grupo de compañeras trabajadoras de museos nos sorprendimos al caer en la cuenta de que teníamos la misma afición por inventar y escribir historias. A partir de ahí, sólo fue cuestión de tiempo el que la propuesta de unir ficción, reflexión y museos apareciera como el denominador común que abría la posibilidad de una colaboración creativa e interesante, y lo fue, pero pronto surgió también la idea de invitar a quienes desearan participar en lo que se iba fraguando como un proyecto más ambicioso, pues la preocupación por los cortocircuitos entre las diferentes áreas y funciones de los museos era importante, y conocer a sus protagonistas, sus opiniones, sus otros yoes fuera de la mesa de escritorio y de los horarios de ocho a tres, podría ser la posibilidad de abordar los problemas, pero sobre todo las soluciones, de una forma más cercana y sensible.
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