El ITER podrá empezar a secuenciar genomas humanos “en unos pocos meses”

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      Conocer el mapa genético de personas con autismo y determinadas enfermedades es el nuevo gran reto al que aspira el Instituto Tecnológico y de Energías Renovables (ITER), dependiente del Cabildo, en la que será su primera incursión en el ámbito de la sanidad tras más de 25 años de existencia. El proyecto se podría acelerar en función de la aparición de nuevas técnicas que han contribuido a reducir notablemente el coste que supone secuenciar el genoma de una persona.

      “En este momento el precio está en torno a los 1.000 dólares por individuo, aunque sigue bajando. Lo que pretendemos es posicionarnos para estar listos cuando sea una técnica de uso común, como un análisis de sangre”, apunta Manuel Cendagorta, gerente del centro, en una entrevista concedida a este periódico, en la que destaca a través de un claro ejemplo la utilidad de este servicio. “Hoy existen aplicaciones para la cistitis. Hoy cuando una mujer la sufre tiene que hacerse un cultivo bacteriano que tarda ocho días en facilitarle los resultados. Con la secuenciación genómica el diagnóstico estaría en el mismo día”.

      El consejo de administración del ITER aprobó el mes pasado comprar un secuenciador y actualmente se ultima el proceso de licitación. Paralelamente se está formando a un grupo de profesionales en colaboración con la Universidad de La Laguna y los dos hospitales públicos. En un mes ya se contará también con un laboratorio.

      “En pocos meses estaremos en disposición de empezar a secuenciar”, asegura Cendagorta, que propone crear una comisión técnica para establecer a qué segmentos de la población se dirigirán los estudios con carácter prioritario. “Es importante constituir una comisión formada por personal de la Consejería de Sanidad, los hospitales, las universidades, el propio ITER y algunos expertos para responder a la siguiente pregunta: ¿qué enfermedad es la que deberíamos atacar en primer lugar?”.

      No obstante, el gerente adelantó que el Instituto acaba de presentar un proyecto compartido con la multinacional japonesa Fujitsu por valor de cuatro millones de euros dirigido a secuenciar el genoma de las personas afectadas por autismo. “El análisis genómico permitirá verificar y precisar el grado del trastorno que sufre cada persona”, indica. “El proyecto tiene muchas posibilidades de salir adelante -confiesa- y se sabrá en un plazo máximo de tres o cuatro meses”. “Fujitsu lo estudió y se animó viendo las posibilidades y teniendo en cuenta su capacidad informática y su apuesta por la sanidad. De hecho tienen un grupo especializado y desde hace unos pocos meses cuentan con un departamento en la Universidad Carlos III de Madrid”, señala.

      El máximo gestor del ITER no oculta su deseo de ampliar el campo del análisis a otros colectivos, como los pacientes con enfermedades raras o aquellos que sufren determinados tipos de cáncer. “Tú sufres una enfermedad oncológica, te secuencian, y a partir de ese momento ya se dispone de bastante información para ver qué quimioterapia es la más adecuada al tipo de cáncer que padeces”. De esta manera, el tratamiento de choque sería mucho menos destructivo para el organismo al ir dirigido a un tipo de células concretas.

      La secuenciación masiva de la población de las Islas presenta un serio problema que, hoy por hoy, hace inviable su ejecución: su coste económico. “Si proyectamos el coste de mil euros por persona a los dos millones de habitantes del Archipiélago, saldría un gasto de 2.000 millones de euros. Al principio esa fue la idea, pero claro, siempre será mejor secuenciar cuando el coste baje hasta los 100 euros”, razona. Con este argumento, Manuel Cendagorta quiere subrayar, insiste, la importancia de establecer una hoja de ruta, así como un calendario de prioridades y un plan para ir creciendo y secuenciando.

      El Instituto Tecnológico y de Energías Renovables advierte del retraso que sufre Canarias en esta materia respecto a otras comunidades autónomas. “Aquí casi nadie hace eso, con la excepción puntual de algunos hospitales, que, si acaso, envían la muestra fuera”. Cendagorta lamenta que no esté incluido en los protocolos sanitarios. “Si tienes un resfriado, los médicos no te pueden recetar algo muy diferente al Frenadol o la aspirina. La secuenciación del genoma es algo nuevo y cuesta incluirlo”, remarcó.


      Dos fases

      El proceso de desentrañar la información que revela cómo somos consta de dos fases: una primera clínica, que es extraer una muestra e introducirla en un secuenciador, y una segunda, que es trabajar con esa información a través de ordenadores que analizan y comparan los datos.

      “Dentro de las aplicaciones que se hacen en el superordenador del ITER, que cuenta con una capacidad capaz de almacenar toda la informática del Archipiélago, se hacen simulaciones y una de ellas es trabajar con el genoma”, indicó, al tiempo que avisó de un cambio de tendencia en cuanto al coste económico del proceso. “El 10% del gasto corresponde a la computación, mientras que el 90% se asocia con la fase clínica, el genoma en sí; pero se producirá el efecto contrario, es decir, llegará un momento en que en todos los estudios genéticos, el 90% del coste será computación y el 10% el genoma. Así que por ahí van a ir los tiros en el futuro”.


      El superordenador desempeñará un papel fundamental en la iniciativa

      La potencia de cálculo disponible permite al superordenador Teide-HPC, instalado en la sede del ITER (polígono industrial de Granadilla), desarrollar un gran número de aplicaciones y facilitar los procesos de simulación en diferentes campos. Esta infraestructura, que se enmarca en el proyecto ALiX, está orientada a la creación de un tejido industrial en torno a la Tecnología de la Información y la Comunicación (TICs). Según explica el gerente del centro de investigación, “la técnica actual para secuenciar el mapa genético consiste en que, una vez obtenido el genoma, se multiplica por 100, 200 o 300 a través de reacciones químicas para, posteriormente, romperlo. Después se introduce en la máquina secuenciadora, que es capaz de leer miles de cadenas. El ordenador, cuando coinciden 10, 12 o 15 letras, procede a casarlas”.

      Fuente: Diario de Avisos, 17 de abril de 2016