Medalla Oro a los alfombristas de La Orotava, un premio al espíritu asociativo

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      Una tradición que se remonta a 1847 y que puede considerarse efímera en su aspecto estético como manifestación artística, pero no en el fondo, en aquello que se escapa a la mirada y que permanece intacto y permanente en el espíritu de los alfombristas que año tras año viven la Octava del Corpus como un verdadero reencuentro con sus raíces.

      Es la celebración de la familia: de los abuelos que dirigen la labor, los padres que ejecutan y los más pequeños que destrozan mientras juegan con las huellas marcadas entre los pétalos y los trazos desdibujados tras la procesión. Así ha sido siempre y así seguirá siendo.

      Es la celebración del color, marcada por la variedad y riqueza de nuestras flores y de la arena volcánica que cobra vida en sorprendentes formas humanas y divinas en el magnífico tapiz de la plaza del Ayuntamiento. La fiesta del olor a brezo y aromas multiflorales.

      Pero es también la celebración del recogimiento y de la devoción al Santísimo que al caer la tarde recorre con solemnidad las calles de La Orotava.

      Y afortunadamente esta tradición está ya asegurada.

      La Asociación de Alfombristas de La Orotava, a la que hoy el Cabildo concede la Medalla de Oro, está formada por personas que realmente consideran vital el mantenimiento de esta tradición que se lleva en los genes.

      La festividad del Corpus Christi se celebra en muchos lugares pero me atrevo a afirmar que en ninguno como en La Orotava. Y son ustedes sus mejores embajadores. Los que tienen la capacidad de mostrar al mundo esta tradición como así me consta que lo han hecho en los diferentes encuentros celebrados.

      La organización en 2006 del I Congreso Internacional de Arte Efímero es prueba de ello. Personas procedentes de lugares tan diversos como Alemania, Bélgica, México o Japón se dieron cita en un encuentro que sirvió de germen para la creación de una Comisión Gestora Internacional de arte efímero capaz de aglutinar y aunar intereses en torno a una actividad de gran valor artístico y cultural.

      A nadie se le escapa el atractivo turístico de esta celebración que congrega cada año a miles de personas que marchan asombradas de lo que aquí viven durante las fiestas. Turistas que en muchos casos repiten la visita a sabiendas de que cada año el resultado es mejor que el anterior.

      La aportación de la Asociación de Alfombristas en las diferentes ferias y eventos en los que participan resulta clave en un destino como el nuestro que avanza en la promoción de propuestas para vivir nuevas experiencias y sin duda el espectáculo de las alfombras del Corpus de la Orotava es una de ellas.

      Pero me gustaría hoy alabar, sobre todo, el espíritu asociativo que llevó a un grupo de alfombristas a unirse en 1991 con un fin y unos intereses comunes.

      Una sociedad cuyos miembros sólo atienden a intereses particulares no progresa.

      Una sociedad que sólo critica y no participa en los acontecimientos que le afectan, se paraliza.

      Una sociedad que sólo mira al pasado y las cosas que se han hecho mal sin hacer nada para que mejoren, se estanca.

      Avanzamos cuando las personas se implican, cuando opinan, cuando se ilusionan con nuevos proyectos y trabajan para llevarlos a cabo, cuando deciden, cuando discuten y buscan acuerdos, cuando proponen soluciones.

      El progreso está en la participación, en la puesta en común de ideas, de iniciativas como las que ustedes, desde que constituyeron la Asociación, han puesto en marcha.

      Eso es también política y es en esa clase de política y no en otra en la yo creo y confío.

      Una obra colectiva, permanente, que implique a todos y a todas y que concierne tanto a la vida cotidiana como al destino de la humanidad en todos los niveles.

      Constituirse en una Asociación para defender nuestra cultura y una tradición como la de los alfombristas es sin duda también hacer política para el bien común. Muchos ciudadanos reclaman y exigen, sin darse cuenta de que una sociedad madura cuando sus miembros se percatan de que la democracia se hace todos los días y que es el resultado de la implicación de la ciudadanía en los asuntos que les afectan. Les felicito por ello.

      Otro de los aspectos que me gustaría esta tarde citar de la Asociación que hoy desde el Cabildo premiamos es su interés por la formación y la educación de los más pequeños como mejor manera para perpetuar esta tradición.

      Nuestra verdadera patria es sin duda la niñez. Los mejores momentos vividos en esos primeros años de vida junto a la familia y los amigos de siempre marcan nuestra existencia y permanecen imborrables en la memoria. Acudimos a estos recuerdos en la búsqueda de la felicidad muchas veces perdida y sin duda la encontramos.

      Si logramos inculcar en los más pequeños ese amor por una actividad tan arraigada y si además se divierten con ello y disfrutan de esos momentos inolvidables, como nosotros un día lo hicimos, nos aseguraremos su mantenimiento.

      La formación sobre las alfombras en los colegios, la labor divulgativa o la celebración del Día del Niño Alfombrista, son acciones que ponen de manifiesto ese interés por avanzar y afianzar las raíces de nuestro mejor patrimonio: nuestra cultura.

      Pero no quisiera finalizar mi intervención sin recordar a esos alfombristas que ya nos dejaron. Personas muy cercanas que disfrutaban de esta fiesta como ustedes ahora lo hacen y cuyas sombras se pasean por las calles empinadas de La Orotava para comprobar cada año el trabajo bien hecho de quienes aquí honran una tradición. Son ellos los que desde otra dimensión les vigilan para hacerlo cada año mejor y sin duda estarán ahora muy orgullosos del legado que han dejado. Les toca a ustedes mantenerlo y transmitirlo.

      ¡Muchas felicidades!